Adoramus te Domine (a 4) (Anónimo) – “Cancionero de Montecassino” (S. XV) – La Capella Reial de Catalunya, Jordi Savall, Carlos Mena, Lambert Climent, Francesc Garrigosa, Daniele Carnovich


Adoramus te Domine (a 4) (Anónimo) – “Cancionero de Montecassino” (S. XV).
(Antífona. CM 4).

Intérpretes: La Capella Reial de Catalunya – Director: Jordi Savall.
– Carlos Mena (Contratenor)
– Lambert Climent (Tenor)
– Francesc Garrigosa (Tenor)
– Daniele Carnovich (Bajo)
(http://www.alia-vox.com/)

Jordi Savall on Spotify: https://play.spotify.com/artist/3faEZ…

Jordi Savall on Facebook: https://www.facebook.com/JordiSavallO…

Imágenes: Pintura Renacentista Italiana (VV.AA.).

LETRA:

Adoramus te Domine, Jesu Christe,
Et benedicamus tibi qui per sanctum crucem
Tuam redemisti mundum.

Crucem tuam adoramus, Domine:
et sanctam resurrectionem tuam
laudamus et glorificamus.

Ecce enim propter lignum,
venit gaudium in universo mundo.
Deus misereatur nostri et benedicat nobis:
Illuminet vultum suum supernos
et misereatur nostri.

Adoramus te Domine, Jesu Christe,
Et benedicamus tibi qui per sanctum crucem
Tuam redemisti mundum.

[TRADUCCIÓN]:

Te adoramos, Señor, Jesucristo,
y te bendecimos a ti que, por tu santa cruz,
redimiste al mundo.

Adoramos tu cruz, Señor:
y tu santa resurrección
alabamos y glorificamos.

He aquí que por el leño,
vino la alegría a todo el mundo.
Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga:
Ilumine su rostro a los superiores
y tenga misericordia de nosotros.

Te adoramos, Señor, Jesucristo,
y te bendecimos a ti que, por tu santa cruz,
redimiste al mundo.

“La corte napolitana, a pesar de su proximidad geográfica con ciudades como Venecia, Florencia o la propia Roma papal, mostró siempre un carácter propio, directo reflejo de su personalidad, y la música desempeñó un papel fundamental en este sentido.

Desde su juventud, Alfonso V el Magnánimo había fomentado la práctica musical en su corte. Cantores y organistas le acompañaron sistemáticamente en sus numerosos desplazamientos, incluso cuando se trataba de misiones estrictamente militares, y su Capilla Real llegó a alcanzar dimensiones auténticamente notables. Pero, tras la conquista de Nápoles, el nuevo marco político y geográfico imponía nuevos retos para aquella misma Capilla, que tradicionalmente agrupaba cantantes y organistas provenientes de las más diversas regiones de Europa. En lugar de buscar una homogeneidad, Alfonso el Magnánimo persiguió el objetivo opuesto, siguiendo la línea inaugurada por su propio padre: gascones, borgoñones, franco-flamencos, alemanes, castellanos, catalanes e italianos de muy distinto origen acabaron por convivir en ella, convirtiendo la Capilla en el reflejo de los propios ideales políticos del monarca.

La primera consecuencia de este proceso fue una completa pluralidad lingüística, algo perfectamente concorde con una corte en la que el propio rey no llegó nunca a dominar el idioma de sus súbditos, cuyos dialectos, a su vez, se parecían muy poco al italiano utilizado por los hombres de letras. De hecho, el propio Alfonso –nacido en Medina del Campo, en el corazón de Castilla– tampoco había sido criado en la que era a todos los efectos la lengua “oficial” del reino, es decir, el idioma catalán, que se empleaba para los documentos de cancillería y tesorería. De este modo, en su entorno, acabaron por entremezclarse, con total naturalidad, el catalán, el castellano, el francés y el italiano en sus muchas variantes, sin contar, por supuesto, el latín.

La segunda consecuencia fue la interpretación de un repertorio musical sorprendentemente heterogéneo. Cada lengua estaba vinculada a ritmos, formas, géneros poéticos y recursos retóricos profundamente arraigados a las tradiciones de las diferentes regiones europeas.

No era un hecho insólito, en los siglos XV y XVI, que se recopilara el repertorio de las diferentes capillas musicales en “Cancioneros” compuestos por obras de distintos autores y, a veces, de estilo muy diverso. Estas antologías son el reflejo de las múltiples actividades de estos conjuntos, que normalmente debían hacer frente tanto a los servicios religiosos como a las exigencias privadas de los nobles de quien dependían. De ahí que en estos volúmenes las obras religiosas y las profanas convivan a menudo con igual dignidad. Éste es el caso del “Cancionero de Montecassino”, del que se conservan 141 composiciones —64 religiosas y 77 profanas— entremezcladas sin un orden aparente: una reunión de lo sacro con lo terrenal que es un primer y fundamental elemento de variedad.

Un clima próximo a la devoción popular, se respira en la escritura casi homofónica de la antífona anónima “Adoramus te”, reservada a la ceremonia de la Adoración de la Cruz del Viernes Santo.” – (LUCA CHIANTORE).

http://es.wikipedia.org/wiki/Cancione…

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